Bessieres, prisionero de los españoles, se ofreció a asesinar al gobernador francés de Barcelona, Mauricio Mattieu. Había sido ordenanza de un ayudante del gobernador y pensaba valerse de su condición para acercarse al general Mattieu. Bessieres intentó el asesinato, pero no lo pudo realizar.
No se sabe si a consecuencia de estos atentados o si por alguna hazaña de guerrillero, Lacy lo hizo capitán. Después de la guerra de la Independencia, Bessieres quedó retirado, se estableció en Barcelona, se casó con una mujer llamada Juana Portas y ensayó varias industrias, entre ellas una tintorería.
Bessieres intervino en las conspiraciones de Barcelona, estuvo relacionado con Lacy, y en 1820 ayudó a proclamar la Constitución. Luego, en 1821, tomó parte en un complot republicano en Barcelona, en compañía de un fraile. Condenado a muerte y preso en la ciudadela, fué indultado por el general Villacampa. Se decía que la influencia de los comuneros, entre los cuales, como se sabe, había muchos espías reaccionarios, le salvó.
Otros aseguraron que la conspiración de Bessieres iba dirigida más contra el Gobierno francés que contra el español, y que Villacampa conocía sus intenciones.
Bessieres, indultado, fué encerrado en el castillo de Figueras; de aquí huyó a Francia, y apareció poco después transformado en realista; los liberales dijeron que Bessieres se había hecho rico asesinando a su antiguo amo, que le trataba como a hijo más que como a criado; luego, cuando la reacción del 1823, se afirmó que Fernando VII estaba en relaciones con él ya desde la época de la conspiración republicana de Barcelona, y que le ascendió a general, a causa de documentos comprometedores que guardaba el ex tintorero.
Bessieres, al que algunos confundían con el general francés, duque de Istria, con quien no tenía parentesco alguno, era más que nada un atolondrado ambicioso, enloquecido por el éxito.
Nunca había sido creyente, y entre sus amigos decía que era republicano, a pesar de estar en las filas realistas. Desvalijaba las iglesias sin miedo, y en sus correrías por Castilla el año 23 bebía tranquilamente durante las comidas en el cáliz de la iglesia de Auñón, lo cual no deja de ser extraordinario, teniendo en cuenta que iba acompañado del fraile Bartolomé Talarn.
El final de Bessieres fué trágico: la Sociedad El Angel Exterminador, después del triunfo del absolutismo, puso a Bessieres en relación con el padre Cirilo y Calomarde. Estos y Fernando VII aconsejaron al revoltoso francés que se sublevara contra el predominio de los masones en el Gobierno.
La sublevación no tuvo éxito. Fernando VII, al saber su fracaso, envió, como a un perro de presa, al conde de España contra Bessieres.
Un francés contra otro francés.