La patrulla de don Saturnino Abuin, el Manco, fué la que capturó a Bessieres en Zafrilla.
Si Bessieres era hombre que cambiaba de casaca con facilidad, Abuin no lo era menos. Abuin había sido empecinado y antiempecinado, absolutista y liberal.
Abuin prendió a Bessieres y lo condujo, con sus oficiales, a presencia del conde de España a Molina de Aragón.
Bessieres, preso, se creía seguro; tenía una carta de Fernando VII, en la cual le ordenaba el alzamiento.
El conde de España trató a Bessieres como a un compañero y a un paisano; le convidó a cenar con él y estuvieron los dos hablando en catalán y en francés largo tiempo. A los postres, el conde preguntó a su comensal con gran amabilidad por qué se había sublevado, y Bessieres mostró la carta del rey.
El conde de España, tranquilamente, cogió la carta y la quemó en la llama de una bujía.
—¿Qué feu, general?—gritó Bessieres en catalán, abalanzándose al conde de España—. Qu'en perdeu.
—Oui peut-étre, mais je sauve le roy—dijo el conde de España en francés, con una contestación a modo de Duguesclín.
España llamó a sus ayudantes e hizo que se llevaran a Bessieres.