—Eso no es cierto—dijo el militar.

—Sí lo es. ¡Bah! ¡Ya lo creo!

—Tienen mucha vanidad estos guerrilleros.

—Hombre, nosotros no tenemos la culpa de que ganáramos acciones mientras el ejército español perdía batallas.

—Eso es un insulto.

—No; únicamente es un hecho.

La discusión hubiera tenido malas consecuencias, si no la hubiese interrumpido la entrada de otros oficiales.


VIII.
PERSECUCIÓN DE BESSIERES