Los oficiales de Estado Mayor interinos don Carlos Peman, don Ramón Collantes y Aviraneta, hicieron formar una compañía delante del Ayuntamiento. Collantes arengó a las tropas, y después Peman se adelantó, y, quitándose el morrión, gritó:
—¡Soldados! ¡Libertad o muerte! ¡Viva España! ¡Viva la Constitución!
Un coro de aclamaciones frenéticas le contestó.
Se hicieron tres descargas, y la tropa marchó a su alojamiento.
Este acto, al parecer, no fué muy del agrado del general en jefe. Todos sabían que don Enrique O'Donnell, conde de Labisbal, no tenía gran entusiasmo por la Constitución de Cádiz.
Ocupado Sacedón, los constitucionales se dispusieron a seguir persiguiendo al enemigo. Se había desencadenado un temporal horroroso.
El Tajo, en Sacedón, venía imponente, arrastrando tierra y troncos de árboles. El camino de Auñón estaba inundado.
El Empecinado y Aviraneta exploraron los alrededores de Sacedón, y tuvieron una escaramuza en la Puerta del Infierno.
El 4 de febrero O'Donnell estableció su cuartel general en Bellisca, y el 9 tuvo que detenerse en Garcinarro. El temporal había puesto los caminos imposibles.
Mientras que las fuerzas de O'Donnell estaban en Bellisca y por los alrededores de Alcázar y Loranca, Bessieres ocupaba Huete y lo iba fortificando. Huete era pueblo de recursos. Quedaban todavía allí muchos lienzos y cubos de muralla útiles, algunos conventos y casas de gruesas paredes, y se podía hacer una buena defensa, teniendo como tenía el caudillo realista cerca de cinco mil hombres, cuatro piezas de artillería y quinientos caballos.