Al acercarse los constitucionales a Huete, Bessieres, desde las murallas y desde el cerro del Canillo, los recibió con descargas de metralla y de fusilería desde sus trincheras. Esto, unido al temporal, obligó a los constitucionales a paralizar las operaciones y a limitarse a hacer reconocimientos.
El mismo día en que se llegó cerca de Huete se incorporó a las fuerzas de Labisbal el regimiento de Calatrava, que venía de Cuenca.
Aviraneta y el Empecinado se instalaron en un ventorro entre Buendía y Huete. Por la noche estaba Aviraneta en el ventorro cuando un pastorcillo se le acercó y le dijo:
—¿Es usted don Eugenio?
—Sí.
—¿El amigo del señor Empecinado?
—Sí.
—Pues tome usted esta carta.
Aviraneta cogió la carta, la abrió y la leyó. Decía:
«Amigo Aviraneta: Esta noche, a las nueve, si quiere usted, avance usted hacia el pueblo por la carretera. Le saldrá a recibir un sobrino mío con una escolta, que le traerá aquí y hablaremos.