Jorge Bessieres».

Aviraneta, algo sorprendido, iba a preguntar al chico quién le había dado la carta; pero el pastorcillo había desaparecido.

Aviraneta enseñó la carta al Empecinado.

—Bueno, vete a ver qué quiere—dijo éste.

Aviraneta esperó a que se hiciera de noche, y después de cenar avanzó por la carretera.

Pasó la línea de centinelas y se detuvo.

Al poco rato se acercó una patrulla de jinetes:

—¡Aviraneta!—gritó una voz.

—Soy yo.

Era el sobrino de Bessieres y lugarteniente suyo, llamado Portas.