La compañía de caballería la formaban sesenta y dos hombres.

Cada compañía de infantes tenía capitán, teniente, subteniente, sargento primero, cinco segundos, seis cabos primeros, dos tambores y un pito. La fuerza de a caballo se dividía en tres tercios de a veinte hombres.

Cada tercio tenía un subteniente, un sargento, un cabo primero y uno segundo, y se dividía en dos escuadras de a cada diez hombres cada una.

La Milicia de caballería la formaban los que por su oficio o por su posición poseían un caballo.

Todas las fuerzas reunidas de infantería y caballería de Aranda las mandaba un comandante, un médico que había acompañado en otro tiempo al Empecinado.

Algunos oficiales querían implantar en la Milicia una disciplina severa, lo cual no era fácil por muchas razones: la mayoría de los soldados y oficiales, acostumbrados a sus despachos y mostradores, no querían aceptar la rigidez formalista de los militares; además, aunque había en las filas gente decidida, abundaban también los tímidos y los perezosos. La mayoría de los soldados de la Milicia voluntaria en los pueblos no eran personas distinguidas. En Aranda no se habían alistado los Verdugo, ni los Mansilla, ni los Miranda, ni algunos otros.

En muchas aldeas y ciudades, los liberales con ínfulas aristocráticas, antiguos afrancesados más o menos vergonzantes, se lamentaban de que las personas de respetabilidad y prestigio no se lanzaran francamente por la senda constitucional, como había dicho Fernando VII.

La pretensión era absurda. En las esferas donde germinan las ideas nuevas no hay que esperar encontrarse con hombres de gravedad y de peso; en los nuevos caminos es más fácil toparse, entre locos, perdidos y granujas, con algún santo o con algún héroe.

Aviraneta contaba con ello y exigía poco en general; pero lo que exigía lo hacía con firmeza. A pesar de esto se le consideraba intransigente. Todo el mundo suponía que la organización de la Milicia de Aranda dependía de aquel hombre, cuya vida anterior se ignoraba y del cual no se sabía mas que acababa de venir al pueblo y había sido impuesto como jefe por el Empecinado.

Aviraneta unía al cargo de regidor primero el de subteniente de uno de los tercios de que se componía la tropa de caballería. Además era el presidente de la logia masónica.