Los demás oficiales, un vinatero, un dueño de una tienda de comestibles y un recaudador de arbitrios municipales, eran gentes de poca monta que tomaban muy en serio su representación social y se llamaban uno a otro: ciudadano teniente, ciudadano sargento, etc.
Los ex guerrilleros del tercio de Aviraneta eran, entre los milicianos, los más aguerridos y fieros.
El lugarteniente de Aviraneta era uno apodado el Lobo. El Lobo, antiguo soldado del Empecinado, se distinguía como hombre fanático y violento. El Lobo tenía una posada en la calle del Aceite, donde trabajaba de herrador. A la posada del Lobo la llamaban la posada del Brigante, y los enemigos, la posada del Fanfarrón.
El Lobo estaba casado con una mujer muy guapa, de un tipo griego, a quien apodaban la Loba.
Era un matrimonio de dos fieras. Alguno que otro lechuguino se había acercado a la Loba, a galantearla, pero pronto había tenido que huír prudentemente.
El Lobo era hombre malhumorado, dispuesto siempre a echarlo todo por la tremenda y deseoso de saltar.
Dos muchachos jóvenes, Jazmín y el Lebrel, que eran criados de Aviraneta, formaban también el tercio.