Lunes, martes, miércoles, tres.
Lunes, martes, miércoles, tres.
Entonces el giboso, en el mismo tono triste que las brujas, cantó:
Lunes, martes, miércoles, tres.
Jueves, viernes, sábado, seis.
Las brujas al oír esto lanzaron un ¡ah! de satisfacción, y entusiasmadas por el segundo verso añadido a su canto fragmentario, buscaron al autor, encontraron al giboso, le acariciaron, le quitaron la giba y la colgaron en un árbol.
Llegó el giboso al pueblo derecho y gallardo y contó a otro amigo jorobado lo ocurrido, y éste el sábado por la noche se fué al bosque y esperó. Vinieron las brujas y se pusieron a cantar con entusiasmo, con una algarabía de papagayos:
Lunes, martes, miércoles, tres.
Jueves, viernes, sábado, seis.
Lunes, martes, miércoles, tres.