—Hoy no se siente usted estadístico. Bueno; enséñeme ese nuevo plano de las calzadas romanas que está usted inventando.

—¡Inventando yo!... ¡Si usted mismo las ha visto!

Aviraneta reconocía que las había visto, y el viejo abría la puerta de su despacho y pasaba adentro a su contradictor.


VI.
LA MORAL DEL TIRANO

En general, para el que ha vivido con entusiasmo durante la guerra, el tiempo de paz es un día pálido y sin sol, en que nada brilla, en que todo es desabrido e insignificante.

Tal fuerza tiene la barbarie innata y consubstancial humana, que, a pesar del miedo a la muerte, el hombre que se siente lleno de energías prefiere vivir matando que vivir en paz dentro de las férulas de la civilización. Esto demuestra lo agradable de matar y lo desagradable de obedecer. Sin duda, a pesar de todos los progresos, en cada uno de nosotros sigue ardiendo la llama del corazón del troglodita.

Aviraneta era hombre poco propicio a vivir del pasado. Aviraneta era siempre actual.

De sus empresas conservaba un vago recuerdo, casi siempre confuso y sin detalles. Los acontecimientos del día, de la hora, del momento, tenían tal importancia para él, que no le dejaban fantasear sobre lo pasado.