«Gobierno político de la provincia de Burgos. Cerciorado de la ardiente adhesión de usted al régimen constitucional, de su celo y amor por el bien público y de que, al mismo tiempo, se halla dotado de actividad y de un carácter enérgico y decidido, creo que podía usted hacer un servicio importante a la provincia y a la patria si se prestara gustoso a una comisión ardua y honorífica que trato de encomendarle.
»Para esto convendría se avistara usted conmigo sin pérdida de tiempo, viniendo provisto de lo necesario para algunos días de expedición. Dios guarde a usted muchos años. Burgos, 12 de julio de 1820.—José Marrón.»
Leyó Aviraneta el oficio detenidamente, lo guardó, y poco después se levantó de la mesa y salió a la calle.
El joven Frutos había seguido con curiosidad todos los movimientos de Aviraneta. Salió también del despacho, y en la puerta del Ayuntamiento se encontró con el alguacil Argucias.
—¿Quién ha venido con la carta para don Eugenio?—le preguntó.
—Dos hombres de Burgos, a caballo.
—¿Qué clase de hombres eran?
—Algunos milicianos, probablemente, aunque no traían uniforme.
—¿Qué habrá de nuevo?—exclamó Frutos.