—Es extraño. Me dijo que estaría.
—Ha recibido un oficio y se ha marchado.
—¿Un oficio? Voy a ver lo que es.
—Iré con usted.
Se acercaron ambos a la Casa de la Muerta y vieron a don Eugenio que estaba aparejando dos caballos en compañía de sus criados Jazmín y el Lebrel.
—¿Qué es esto?—preguntó Diamante.
—Nada; que me voy a Burgos.
—Pues... ¿qué sucede?
—Que me llama el gobernador para encargarme de una comisión.
—¿De qué comisión?