Después de pasar revista a los políticos de la Gran Bretaña hablamos de los de Francia. A mí me interesaba oír las opiniones de un aristócrata colocado en una alta posición, como sir David.

TALLEYRAND

Yo llevé la conversación sobre Talleyrand. Acababa de publicarse un libro acerca del viejo diplomático.

—Talleyrand—dijo Stratford—es el egoísmo y la pillería ordinaria con un decorado suntuoso de mucho uniforme y penacho.

—Lo cual no quita, mi querido Jorge, para que haya sido un político muy importante y hasta muy útil a Europa entera—dijo sir David.

—Los ingleses tienen gran simpatía por Talleyrand, porque ha sido anglófilo—replicó Stratford.

—No sólo por eso—replicó sir David.

—Parece que Chateaubriand ha hablado mal del cinismo y del histrionismo del ex obispo de Autun—dije yo.

—Sí; hay en el célebre escritor una antipatía grande por el diplomático. Sin embargo, hay algo en ellos que suena lo mismo—repuso Stratford—. Los dos son valores nacionales, pero no universales. Para un francés de la época serán muy diferentes, pero un extranjero al país y a la época les encontrará un carácter común.

—Pero eso no es un buen argumento—replicó sir David—; para un chino, entre Lutero y Loyola no habrá apenas diferencia.