Por la mañana, cuando salí de allí, la muchacha lloraba.
—¡Qué locura! ¡Qué locura he hecho!—murmuró.
Ella no sabía por qué; a mí me pasaba lo mismo.
Al salir en el tílburi de Bidart a San Juan de Luz sentí un ligero remordimiento, pero se me pasó pronto, y olvidé rápidamente a Dolores, la riojana.
XI.
MUÑAGORRI Y SU GENTE
En San Juan de Luz visité a doña Mercedes, la madre de Corito, que me dijo que su hija vendría pronto.
De San Juan de Luz marché a Sara.
Me encontré allí con Cazalet, el bohemio, que había ido, sin duda, con alguna comisión para Muñagorri.