Delfina me preguntó si le había vuelto a ver a Stratford. Le dije que le había visto un momento.

—¿No le ha hablado a usted de mí?

—No.

—Estamos reñidos.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y por qué?

—Yo le tengo cariño a Jorge, le tengo por un caballero, por un hombre noble y bueno.

—Yo también.