—Yo desearía conservar con él una buena amistad, pero él no se contenta con eso.
—El quisiera ser su amante.
—No.
—Pues entonces, ¿qué quiere?
—El quisiera que yo abandonara mi casa y fuéramos juntos los dos a otro país.
—¿Y los hijos?
—El me decía que nos llevaríamos los hijos.
—¿Pero su marido de usted?
—A mí, ¿qué quiere usted? No me importa nada mi marido, pero lo que no puedo sacrificar es mis hijos. Prefiero ser desgraciada.
Hablando del asunto llegué a comprender la situación respectiva de Delfina y de Stratford. Ella le había dado a entender la posibilidad de que él fuera su amante sin escándalo, lo que ocurría en muchos hogares. El no aceptaba la solución. Nada de bajo adulterio, ocultándose del marido. Afrontar la situación desde el principio y marcharse a otro país.