(Los franceses y los ingleses de nuevo están viendo los toros desde la barrera, riéndose; tiran la piedra y esconden la mano; nos lo han hecho muchas veces. Esto lo comprenderíamos muy bien si no tuviéramos la cabeza tan dura.)
Este reconocimiento de la dureza de nuestra cabeza vasca me hizo reír a carcajadas.
Después de la rabia contra los extranjeros venía el rencor contra los castellanos y los hojalateros, que querían que continuara la guerra:
Orien votoz necazariyac,
Pasabiarcodu dieta.
Erdealdunaren copeta.
Guero iguesi lasterta.
(Por el voto de esos, los trabajadores tendrán que vivir a dieta. ¡Qué tupé el de los forasteros! Llenan bien el morral y luego echan a correr.)
Después de estas imprecaciones y cóleras el manco cantó una canción filosófica que comenzaba así: