I.
LOS RIVALES

Por aquella época, verano y otoño de 1838, todas las conversaciones comenzaron a girar alrededor de Espartero y de Maroto.

Durante el mando del general Guergué, el desorden y la disciplina habían cundido en las filas carlistas. Los políticos amigos de Don Carlos vieron el peligro, y el Real decidió destituír al general navarro y llamar a Maroto, que estaba entonces viviendo en Burdeos.

El grupo carlista moderado, con el padre Cirilo a la cabeza, patrocinó la idea, y el partido fanático, a cuyo frente se había puesto un joven gallego, Arias Teijeiro, se opuso con energía.

MAROTO

Triunfó la tendencia moderada, y en junio de 1838 se encargó Maroto del ejército, restableció la disciplina, organizó las tropas y la administración militar, e hizo que sus fuerzas ascendieran a más de veinticinco mil hombres.

Esto no pudo llevar la concordia a las filas carlistas. Maroto no tenía ninguna simpatía por Don Carlos; Don Carlos sentía una gran desconfianza y un gran temor por Maroto.

Maroto estaba reñido con la mayoría de los generales carlistas afiliados al partido fanático. Además de esto, despreciaba a González Moreno, que a su vez miraba a Maroto como a un hombre voluntarioso y arbitrario; consideraba a Uranga y a Eguía como generales ineptos y sin talento, y odiaba con todo su corazón al grupo de los fanáticos capitaneados por Arias Teijeiro, sobre todo al cura Echeverría y a los generales García, Sanz y Guergué.