Los dos partidos cristinos se hallaban sin jefe militar: el moderado, por la emigración del general Córdova; el progresista, porque no lo tenía desde la muerte del general Mina.
Los progresistas pensaron un momento en hacer su jefe militar a Narváez, y le favorecieron escandalosamente cuando la expedición de Gómez, postergando, sin motivo, a Alaix y a Rodil, que eran amigos de Espartero.
Narváez no correspondió al favor de los progresistas, y después del movimiento de Sevilla se alió con los moderados y tuvo que escapar de España.
Mientrastanto los progresistas veían la elevación de Espartero recelosos; creían que este general se inclinaba a una tendencia conservadora, cosa muy lógica en un militar, y la Prensa le reprochaba, justa o injustamente, la lentitud en las operaciones.
Aviraneta afirmaba que los motines militares que estallaron en esta época fueron dirigidos por los progresistas y por la masonería escocesa, que querían desacreditar a Espartero, porque temían que un general, al parecer moderado, acabara la guerra con éxito y pudiera erigirse en dictador.
Según Aviraneta, el general Seoane, progresista y afiliado a la masonería escocesa, entonces enemigo acérrimo de Espartero, había sido el promotor del motín de Hernani.
De permanecer Espartero alejado de los dos partidos liberales, hubiera podido ser, después de su éxito en Vergara, el árbitro de España; pero la ambición y la prisa le impulsaron a tomar partido entre los progresistas, que le conquistaron y lo pusieron a su cabeza.
El que hizo en este caso de sirena fué el cónsul de Bayona, Gamboa, a pesar de su mediocridad, quizá por ella misma.
Horas después de haber abandonado el Pretendiente el suelo de España, y de refugiarse en Francia, Gamboa pasó a Urdax, tuvo una larga conferencia con Espartero, e hizo su conquista.
Gamboa llevaba plenos poderes de la masonería y del partido progresista para pactar con el general victorioso. Aviraneta que lo supo, no sé por qué conducto, mandó inmediatamente por el Consulado inglés de Bayona un parte a la Reina, advirtiéndola lo que pasaba, y aconsejándola que empleara todos los medios posibles para impedir que los progresistas aceptaran la jefatura de Espartero, pues la jefatura de un militar en uno de los partidos del Gobierno podía producir grandes daños al país, llevándolo al militarismo.