Don Eugenio era de los que veían un peligro en la preponderancia militar.

La mujer de Espartero se enteró de este aviso en Madrid, y se lo comunicó a su marido, y Espartero no se lo perdonó nunca a Aviraneta.

Por más de que luego dijo el general que su encono contra Aviraneta dependía de tenerlo por un conspirador y por un intrigante, la causa verdadera fué este parte que don Eugenio envió a la Reina.


II.
EL MURCIÉLAGO

Un día que estaba en el cuarto del hotel buscando unos papeles en mi cartera salí rápidamente al pasillo, y me encontré con un hombre que se hallaba al lado de la puerta.

—¿Qué hace usted aquí?—le dije.

El hombre, al principio, no supo qué contestar.

—Nada..., nada...—balbuceó—; me había equivocado de piso.