Pensé en llevar los dulces a una botica, para que los analizaran, pero no me convenía llamar la atención, y me decidí por echar los dulces y la caja al río.
EL ANÓNIMO
Algún tiempo después encontré una carta debajo de la puerta, dirigida a mí. La carta decía lo siguiente:
«Señor Leguía: Sabemos a qué se dedica usted en Bayona. Le seguimos los pasos. Tenga usted cuidado. Huya usted. Si no, le vendrán consecuencias graves.
El Angel Exterminador.»
Pensé que la caja de dulces y la carta procedían las dos de mi vecino de hotel, el Murciélago.
III.
LAS LETRAS S, T, U, V
Las primeras conferencias que celebré con nuestros agentes secretos tuvieron poca novedad. Las contaría en detalles, pero ya todo su interés político pasó. Los datos que me dieron los fuí enviando a Aviraneta, conforme a sus instrucciones.