LA LETRA V
La letra V era Martínez López, el folletista, que había escrito contra María Cristina.
Me citó en el Café de la Nive, del muelle de la Galupèrie, un cafetín obscuro y triste.
Martínez López era un hombre gordo, pesado, sucio, física y moralmente, que había puesto su turbina en las aguas infectas de la política, y que vivía muy ordenadamente y se ocupaba de cuestiones filológicas y agrícolas.
Martínez López era el amigo de la Hidalgo; tenían los dos una casa con jardín y con ciertas comodidades.
Su informe no tenía gran interés:
Don Vicente González Arnao y su secretario Pagés—dijo—se gastan alegremente el dinero de la empresa de Muñagorri. El abate Miñano sigue intrigando y cobrando de carlistas y liberales. Bayona es una jaula de grillos, y hay una tal cantidad de odios y de mentiras en el ambiente, que nadie puede distinguir ya lo que es cierto de lo que es falso. Todo el mundo está deseando que se acabe la guerra de la manera que sea, y el que dé una solución satisfactoria será recibido con los brazos abiertos. La vida de los emigrados aquí es cada vez más difícil. Hay mucha moneda falsa española, que dicen hacen los carlistas; se juega mucho en las tertulias, y las tiendas ya no fían. El cónsul, Gamboa, que es un hombre inepto, no se ocupa mas que de negocios mercantiles, contratos, suministros y equipos para el Ejército, y trabaja para las casas de Collado y de Lasala, de San Sebastián, que se están haciendo millonarias.
Estos fueron los primeros informes que recibí y que envié a Aviraneta.