—Sí.
—Me entenderé con Bertache, Zabala y con otros. Le escribiré a usted lo que haga con tinta simpática.
—Muy bien.
—Diga usted que me sigan mandando el dinero por conducto del cura de Sara.
—Lo diré.
Luego hablamos de otras cosas.
García Orejón estaba enredado con una mujerona de Burdeos que había sido cocinera. Orejón era hombre de gustos pacíficos. Su ideal consistía en construír una casita en Francia, en una aldea; en España tenía miedo de la venganza de algún carlista; soñaba con hacer una vida tranquila, comer bien e ir a pasear por el campo y a pescar en el río, como un buen burgués retirado.