Salvador era un tipo de aquellos como Regato, que había vivido en plena intriga, con un fin de lucro.

Yo le hablé a don Eugenio de la caja de dulces que me enviaron al hotel; de la carta anónima que me habían dirigido después, y de los tiros del camino de Ezpeleta, cosas que yo suponía provenían de Salvador.

Aviraneta dijo que era muy probable mi suposición.

Aviraneta le tenía odio y miedo a aquel hombre.

Para espantarle, le escribió una carta amenazadora, que decía así:

«Miserable espía: Sabemos que estás intrigando y vendiendo a los liberales y a los carlistas. Si no abandonas inmediatamente tu espionaje y te marchas de Bayona, pagarás caras tus maniobras. Conocemos tu abominable historia de traiciones y de crímenes.

Demóstenes, Espartaco, Mirabeau

de la logia Irradiación.»

Salvador no se marchó de Bayona; se mudó a una casa de huéspedes del barrio de Saint-Esprit.