X.
APUROS DE VINUESA

Pocos días después de esto salía del hotel, cuando me encontré con mi compañero de viaje de Madrid a Bayona, que venía demudado y tembloroso.

—¿Qué le pasa a usted?—le dije.

—Estoy muy apurado.

—¿Quiere usted subir a mi cuarto?

—Bueno, sí.

Subió, se sentó y me dijo:

—Estoy temiendo que me van a internar en Francia.

—Pues, ¿por qué? ¿Qué ha hecho usted?