—Verá usted. He estado estos meses en Pau, resistiéndome a entrar en el campo carlista, cuando hace tres días recibí una carta del mismo Don Carlos llamándome a su Real con toda urgencia, y diciéndome que si no voy me considerará separado de su partido. Me he puesto en camino y he venido aquí con mi mujer, al hotel de Francia. Me he visto con varios carlistas para que me indiquen el medio mejor de trasladarme al campo de Don Carlos, y alguno de ellos sin duda lo ha dicho por ahí; se ha enterado el subprefecto y me ha llamado, me ha pedido los papeles y luego, con violencia y mal gesto, me ha ordenado que vuelva a Pau, de donde seré internado. Y aquí me tiene usted que no sé qué hacer. El Señor me espera, y si ahora ya no voy pierdo para siempre la gracia de Su Majestad.
—No se apure usted—le dije yo—. Quédese usted esperando en mi cuarto; yo iré y le preguntaré al canciller del consulado de España qué hay en la subprefectura contra usted.
Salí del hotel y me encontré a Vidaurreta en el momento en que iba a visitar al subprefecto. Le expliqué el caso de Sánchez Vinuesa, diciéndole que era una buena persona, un excelente sujeto, nada peligroso.
Le esperé en el café, enfrente del teatro. Al poco tiempo volvió Vidaurreta; me dijo que en la subprefectura había la delación de un individuo llamado Manuel González contra un diplomático carlista, residente en Pau, que había ido a Bayona con la intención de pasar al campo del Pretendiente, y a quien se le había intimado la orden de que retornara a Pau.
Volví al cuarto del hotel y le dije a Vinuesa:
—No hay nada grave contra usted. Si quiere usted se vuelve a Pau, donde nadie le molestará; si prefiere usted entrar en España, yo mismo le prepararé la marcha.
—Prefiero entrar en España, porque si no, el Señor va a pensar que no quiero obedecerle.
—Bueno; pues como usted quiera. Vamos ahora a una posada de un amigo mío. Allí encontraremos un guía para España.
—Vamos.
Fuimos a casa de Iturri. Le pregunté en el camino a Vinuesa con qué carlistas había hablado, y quedé convencido que el Manuel González que le había denunciado era el vecino de mi hotel, el Murciélago, Manuel Salvador. ¿Trabajaría éste por los liberales y por los carlistas? ¿Tendría algún motivo de odio contra Vinuesa? No lo pude averiguar.