Llegamos a la posada de Iturri, y le expliqué a éste los deseos de mi amigo.
—Un guía—dijo Iturri a Vinuesa—le costará veinte o treinta francos.
—Le daré cien con gusto.
—No, no. Es demasiado. ¡Eh!—gritó a su mujer el fondista.
—¿Qué quieres?
—¿Está ahí Pinterdi?
—Sí.
—Que suba.
Subió Pinterdi, un muchacho fuerte y rubio, de Ascaín, a quien Iturri explicó lo que tenía que hacer.
—¿Necesitará usted un caballo—preguntó Iturri a Vinuesa—, o prefiere usted una mula?