Zumalacárregui tenía sus fuerzas siempre en movimiento, y al Pretendiente le era necesario seguirle, cosa que no le agradaba.
Este estado ambulante del Real duró mientras mandaron los ejércitos de la Reina los generales Rodil, Quesada, Mina, Valdés y Córdova, que hacían una guerra irregular con alternativas de éxito y de fracaso. Al ser nombrado general en jefe Espartero, se abandonó el sistema de guerra irregular, y se adoptó el de la guerra de líneas, cesando las operaciones militares cuando venía con el invierno el mal tiempo.
Este sistema de guerra regular y la muerte de Zumalacárregui, por quien Don Carlos no tenía el menor afecto, y que le inquietaba con sus andanzas, ha permitido al Pretendiente habitar los pueblos largo tiempo, y hasta poner su Gaceta Oficial en Oñate.
Por otra parte, el matrimonio de Don Carlos con la duquesa de Beira, celebrado en Azcoitia, ha hecho que el hombre que pasó la luna de miel en el palacio del duque de Granada de Ega se estabilice más. El Pretendiente ha querido tener una corte, aunque pequeña; el Real ha progresado en camaristas, caballerizos y mayordomos, y los frailes y el obispo de León han dado con el botafumeiro en las reales narices de Don Carlos, y éste, que nunca ha sido listo, se ha hecho más endiosado y más tonto de lo que es por naturaleza.
Yo, que he leído cuantos folletos y artículos hablan de la vida de Don Carlos y que conozco Guipúzcoa, he visto con asombro que el Pretendiente se queda casi solo en Azcoitia cuando sus tropas se alejan para luchar con las liberales.
Azcoitia está relativamente cerca del mar, a una distancia de un par de horas de marcha para un buen andarín; un golpe de mano rápido me parece posible. Yo creo que es fácil apoderarse del Pretendiente. ¿Qué les parece a ustedes?
Alzate, Orbegozo y yo nos callamos un momento.
—La verdad es que, en principio, no parece difícil el proyecto—dijo Alzate.
—Una empresa como ésta, a la mayoría, que es gente ramplona, le parece muy natural cuando se ha realizado; pero antes de hacerse se le figura imposible—dijo Aviraneta—. Este proyecto que les expongo se lo he expuesto también al ministro Pita Pizarro, a quien le ha parecido muy atrevido, pero de una ejecución factible.
—Veamos los detalles—dijo Orbegozo.