—Quizá primero lo mejor sería—repuso Aviraneta—que alguno de ustedes se pusiera al habla con el comodoro inglés lord John Hay y que le preguntara si podría prestar alguno de sus barcos para una empresa de este género. Al mismo tiempo sería conveniente que otro le viera a don Gaspar de Jáuregui, el Pastor, y primero le consultara sobre el plan, y si lo encontraba bien, indicara un oficial para que al frente de un cierto número de soldados fuera a Azcoitia a realizar la empresa. Contando con estos factores estudiaremos el proyecto en sus detalles más pequeños, como quien estudia un aparato de relojería.

Quedamos todos de acuerdo, contemplamos un plano de la costa, del Depósito Hidrográfico de Madrid, que sacó Aviraneta, y cada vez nos pareció que la tentativa era más lógica y más factible.

Alzate y Orbegozo se fueron a San Sebastián dispuestos a trabajar en el proyecto.

EL SARGENTO ELORRIO

Orbegozo habló con el coronel inglés Colquhoun, quien le dijo que lord John Hay examinaría el proyecto que le expusieran, y que si le parecía bueno colaboraría con él; Alzate conferenció con el general Jáuregui, y éste indicó para realizar la empresa al sargento de chapelgorris Ramón Elorrio.

Cuando lo supo Aviraneta avisó a Alzate que le enviaran inmediatamente a Elorrio, y éste apareció en Bayona.

Elorrio tenía entonces unos veintiséis o veintisiete años; era de poca estatura, moreno, de ojos negros, de aire atrevido y sagaz. Llevaba bigote pequeño y tenía un tic nervioso en la cara.

El sargento Elorrio vino a mi hotel, y allí esperamos a Aviraneta.

Elorrio se bebió dos o tres copas de coñac mientras aguardaba; lo que me hizo pensar que era muy aficionado al alcohol.

Cuando llegó Aviraneta, éste explicó al sargento en pocas palabras de qué se trataba; le leyó su plan de prender a Don Carlos en Azcoitia, y le mostró el mapa de la costa de Zumaya y del terreno que recorre el río Urola.