—¿Qué le parece a usted mi plan?—le preguntó Aviraneta después.
—Está muy bien pensado—dijo Elorrio—. ¿Quién lo va a realizar?
—Usted mismo.
—¿Me permitirán? Ya sabe usted que hay muchas envidias en el Ejército.
—Sí; he hablado con el general Jáuregui y él le ha designado a usted. El comodoro John Hay espera conocer el proyecto para dar su aceptación. Si los dos aceptan, la empresa se realiza.
—Muy bien—dijo Elorrio—. Yo, dentro del plan de usted, me encargo de todo. La cuestión es que no haya obstáculos y que no se hable demasiado de ello. Yo conozco la provincia bien y además tengo en la compañía chicos de Zumaya, Cestona y Azcoitia que conocen el terreno palmo a palmo. Yendo por los senderos a primera hora de la noche, en dos horas podríamos ponernos desde Zumaya en Azcoitia.
PREGUNTAS
—Bueno—dijo Aviraneta—; puesto que usted asume la dirección y la responsabilidad del proyecto en bloque, pongámonos de acuerdo en los detalles. Supongamos que llega usted a Azcoitia, a la casa del duque de Granada de Ega, ¿qué haría usted allí?
—Creo que no encontraríamos resistencia; todas las fuerzas carlistas están en Vizcaya, Alava y Navarra. En Guipúzcoa tienen las de Andoaín. Por esa parte de Azcoitia no hay mas que unos cuantos cadetes, guardias de Corps, y unos cuantos hojalateros que no valen nada. A patadas los echaríamos.
—¿Y si ofrecían resistencia?