—Hay que pensar todas las eventualidades. Si, por ejemplo, mientras ustedes se encontraban en Azcoitia venía una galerna que impedía que las lanchas de desembarco de los ingleses estuvieran a punto para recogerles, o aparecieran, por casualidad, tropas carlistas que les cortaran el paso a Zumaya, ¿qué harían ustedes?, ¿se verían perdidos?

—No, ¡ca! Iríamos hacia el monte Gárate y nos refugiaríamos en el castillo de Guetaria. Si nos cerraban el paso para Guetaria, nos dispersaríamos, deshaciéndonos de las caballerías, e iríamos a Zarauz.

—Y con los prisioneros, ¿qué harían ustedes?

—Lo que nos mandaran: soltarlos o pegarles un tiro.

Aviraneta contempló atentamente a Elorrio.

—Yo creo que sería mejor pegarles un tiro.

—Yo, también—dijo Elorrio.

—Así, que en la parte de empresa que a usted le corresponde, y que es la más importante, ¿estamos de acuerdo?

—Completamente.

—Ahora nos falta que el comodoro inglés dé su visto bueno al plan. Se le avisará a usted.