—No.
—¿Por qué? ¿No está Muñagorri?
—¿Está Altuna?
—Tampoco.
—¿Quién está?
—El capitán Jauariz.
—Bueno. No le conozco; pero le hablaré.
Le di dos pesetas al barquero y entré en la barca. La muchacha entró conmigo. Entonces la reconocí. Era Pepita Haramboure, la chica de la tienda de Sara, a quien había conocido por Cazalet.
—¿Usted también viene al campamento de Muñagorri?—le pregunté.