—¿Qué quería usted?—me preguntó.
—Quería visitar las obras de la defensa y dar informe al Gobierno.
—Pues vea usted lo que se ha hecho aquí, y luego pide usted un caballo y sube usted al fuerte de Pago-gaña.
Curioseé por los alrededores de Lastaola, y me chocó que el campamento estuviera tan abandonado. Aquello no tenía aire militar ninguno. Los soldados charlaban y jugaban a las cartas; los centinelas fumaban.
PAGO-GAÑA
Tomé algunas notas, y al soldado que me había indicado el capitán Brunet le pedí el caballo. Lo trajo.
—¿Por dónde se sube a ese fuerte de Pago-gaña?—le pregunté.
—Por ahí, por esa regata que se llama de Charodi.
—¿No me puede acompañar nadie?
—Yo, por lo menos, no.