OPINIONES DE ESTOS DÍAS
Recordaba hoy las palabras del abate, viendo en un periódico suizo una comparación de un sabio profesor entre Baudelaire y Dostoievski. ¡Qué incomprensión! ¿Cómo se puede comparar el poeta francés en el fondo perfectamente normal, que se violenta para ser anómalo, retórico consumado, que trabaja todos los días, que estudia su idioma, que quiere asombrar a su público con el loco genial de Rusia, que se cree un hombre bien equilibrado y que levanta construcciones absurdas y alucinadas con la mejor buena fe del mundo?
Sí; creo que tenía razón el abate: el genio espontáneo no es cosa de Francia.
BALZAC Y GAVARNI
—¿Usted ha leído a Balzac, abate?—le pregunté yo.
—¿A Balzac, el novelista moderno?
—Sí.
—¿Qué opinión tiene usted de él?
—Es un hombre indudablemente extraordinario. Está fijando la vida de su tiempo de una manera un poco desmedida y absurda, pero con cierta grandiosidad. Es un espíritu ávido de todo, que recoge lo que ve, lo que sueña y lo que piensa, y lo va enlazando en la época. Sus héroes serán siempre menos universales que los de los creadores de los grandes tipos, como Shakespeare, Cervantes, Goethe. Don Juan y Fausto, Hamlet y Don Quijote no tienen tiempo: son sombras que se proyectan en todas las épocas, ayer como hoy; hoy, probablemente, como mañana. Los héroes balzaquianos son de hoy; mañana parecerán figuras de cera vestidas; los otros, los eternos, seguirán siendo como estatuas.
—¿Cree usted?—le pregunté yo.