—Sí. ¿Usted no cree lo mismo?

—Yo, no. A mí, sin duda, me gustan más las figuras de cera que las estatuas.

—Es usted un cínico—dijo el abate, riendo.

—¿Y Gavarni? ¿Qué le parece a usted?—preguntó Valdés.

—¿Quién es Gavarni?

—Ese dibujante del Charivari y de la Moda.

—¡Bah! Eso no vale nada.

—¿No?

—Nada. Es un dibujante mediano y amanerado, que tiene algún talento literario.

Valdés, a pesar de que era partidario de Gavarni, no se atrevió a decir lo contrario.