—¿Y usted, qué hizo?

—Yo le di largas al asunto, hasta que tuvimos que reñir, y nos separamos.

—Pero usted en Bayona hablaba como si creyera en esos elixires.

—¡Hablaba! Claro es. Cuando se está representando una comedia, vale más representarla siempre en todos los momentos para no olvidar el papel.

—¿Sabe usted lo que me decía este español con quien hemos comido?

—¿Qué le decía a usted?

—Que un hombre del talento y de la cultura de usted, que anda tan derrotado, debe tener algún vicio muy fuerte y muy innoble.

—¡Vicio yo! El único vicio que creo que he tenido ha sido el de dejarme arrastrar por la imaginación.

El abate tomó un aspecto triste y pensativo.

EN NÁPOLES