El calificativo no le hizo ninguna gracia.
María Luisa tenía una gran seguridad en sí misma. Se creía la ciencia infusa. Tenía una risa clara, despreciativa, una petulancia completamente ibérica.
Dejé a María Luisa en su casa y me volví a la fonda de Iturri a entregar el coche.
II.
PETULANCIA CONTRA PETULANCIA
La señorita de Taboada me hizo efecto, y dispuse emprender su conquista.
Al día siguiente de comer con ella en San Pedro de Irube la volví a ver en casa de la Falcón, y hablamos.
Ella estaba conmigo siempre en guardia.
María Luisa, por lo que me dijo la Falcón, era una mujer original, de una vida poco corriente, con una extraña juventud.