—Es verdad—dijo María, sollozando.
—El mismo lo confiesa—exclamó Salvador.
—Sí, cierto, lo confieso: soy liberal y comerciante; he vendido géneros al ejército de la Reina, pero no denuncio a los carlistas como este hombre que me acusa.
—¿De qué conoce usted a Bertache?
—¿A Bertache?
—Sí.
No podía negar que le conocía.
—Hemos hecho un negocio de contrabando juntos.
—¿Para España?
—Sí.