—A ti, por zorra—le dijo a María Luisa—, porque eres la querida de Villarreal y has venido aquí a intrigar, para ver si puedes conseguir que tu querido vuelva a tener mando.
María Luisa comenzó a sollozar.
—Reconozca usted que, si es así, es un motivo muy laudable—dije yo.
—¡Tú, cállate! Que si no te voy a aplastar como a una cucaracha.
—Es muy fácil ser valiente con un hombre atado.
—A éste—y Remacha señaló a Salvador—le fusilaremos, por traidor; y a ti, ya que eres liberal y masón y odias a los carlistas...
—No sólo los odio, los desprecio.
—Te sacaremos la vida poco a poco. Ya veremos si eres valiente.
—Más que tú, siempre.
Pasamos un momento de silencio.