—¿Yo, sabe usted qué voy a hacer?
—¿Qué?
—Tomar un poco del narcótico que he dado a esos hombres. Todavía me queda.
—No haga usted ese disparate. Eso debe ser un veneno.
—No. ¡Ca! Lo voy a tomar.
—¿Y qué defensa voy a tener yo?
—Tome usted también un poco, y se duerme.
—No, no. De ninguna manera.
—Entonces, ¿qué quiere usted hacer?
—No sé. No sé. ¡Ay, Dios mío! ¡Yo creo que tengo fiebre!