—Me marcho—me dijo—, pero tú te vas a quedar aquí.

—Lo siento.

—¿Te aburres?

—Un poco.

—Te irás acostumbrando. Ya está hecha la escritura con el supuesto Etchegaray. Iturri tiene un poder del ente de razón. Tú tienes que ir mañana con Iturri a la notaría a firmar.

—Bueno.

—Luego buscarás un piso bajo y pondrás la casa de comisión.

—Muy bien, todo se hará. ¿Y qué le ocurre a usted para marcharse?

—Gamboa, el cónsul, que me hace la guerra a muerte y me cierra todos los caminos.

—¿Y por qué?