—¿Trabaja usted mucho?—me preguntaban.

—Sí; ahora tengo que arreglar unas cuentas de mi socio, el señor Etchegaray—les contestaba yo.

Mis trabajos consistían en escribir todos los días largas epístolas a Corito, que estaba todavía en Laguardia, hablándole de mis trabajos, que no decía cuáles eran, y explicándole mis esperanzas. Después me ponía a leer periódicos y novelas. Leía por la mañana El Centinela de los Pirineos, periódico bayonés de la oposición, y el Faro de Bayona. Cuando llegaba el correo de España me dedicaba al Eco del Comercio, de Madrid.

Tras de los periódicos venían las novelas, y el primer autor que devoré, no precisamente un clásico, fué Paul de Kock; después fuí leyendo todos los folletinistas de la época.

Si mientras estaba en esta ocupación seria sonaba la campanilla y venía alguien, metía el libro en un cajón y hacía como que estaba escribiendo.

Pasadas las horas de oficina iba a casa de doña Paca Falcón de tertulia y me sentaba en uno de los sillones que había en la tienda alrededor de la mesa estilo Luis XIV.

Los más constantes en la tertulia eran un comerciante judío, Gomes Salcedo, hombre muy listo que traficaba en todo; un cura, el abate d'Arzacq, que coleccionaba monedas romanas, y un señor, viejo, maniático, monsieur de Saint-Allais, que, por lo que se decía, tenía una casa llena de preciosidades, que no dejaba ver a nadie.

Yo empezaba por entonces a comprender el francés y a hablar algo. Comenzaba a entender de cuadros, muebles, relojes antiguos y demás antigüedades. Al cabo de algún tiempo fuí casi un especialista y conocía el mueble de Boule o el de Chippendale, el reloj del siglo xviii, y diferenciaba el de París y el de Lyon.

No sólo conocía los estilos, sino que sabía también los precios de los varios objetos almacenados allí. En el cajón del mostrador de casa de la Falcón había un catálogo voluminoso de cuanto contenía la tienda, con tres precios para cada cosa: el que había costado, el último en que se podía vender y el que se podía pedir. Estos conocimientos me sirvieron después para hacer compras de muebles en Madrid y para adornar mi casa.