Decía así el periódico madrileño:

«¿Pretende quizá El Eco del Comercio secundar los buenos oficios del señor Aviraneta, que, según se asegura, ha ido a las provincias del Norte a promover escisiones, como acostumbra, y a introducir el desorden en el ejército?»

El 25 de julio aparecía otra noticia en el mismo periódico:

«El célebre Aviraneta, según carta que hemos visto de Cádiz, ha llegado a aquella ciudad acompañado de otro revolucionario, ayudante suyo, y cuyo nombre no dice la carta. Ignoramos si lleva recomendaciones de don Gil de los Ojos Verdes, firmadas El Consabido, como las que le dirigía a Zaragoza, o si el magnate de los unitarios habrá tomado otro seudónimo.»

Don Gil de los Ojos Verdes era, indudablemente, Gil de la Cuadra. ¿Por qué le aludían a él, tomándole como compinche, siendo como era enemigo de Aviraneta? No lo supe.

Estas noticias procedían, indudablemente, de las logias, y como los informes que tenían éstos no eran buenos, se distinguían por su confusión.

Dos días después, el 27 del mismo mes, volvió a aparecer en el mismo periódico otro suelto, enviado desde San Sebastián, titulado:

«NOTICIAS DE LA FRONTERA»

«Hace varios días que el famoso Aviraneta se ha presentado aquí, y aunque no permaneció mas que cortos instantes, pues el conde de Mirasol le hizo conducir a Francia en una trincadura de guerra, no por eso dejó de sembrar sus principios revolucionarios entre nuestros soldados. Desde San Juan de Luz, donde se halla, parece que envió un impreso, que circuló entre la tropa, y en el cual se decía que el Gobierno había enviado medios suficientes para pagar al ejército hasta 1840, pero que los oficiales y jefes que quieren prolongar la guerra se han apoderado de este dinero.»

El 30 de julio, el mismo periódico, publicó esta noticia: