«AVISO IMPORTANTE A LOS GADITANOS»
«El célebre Aviraneta regresó a Madrid desde San Juan de Luz; tuvo una conferencia con El Consabido, el magnate de los unitarios; otra con un alto personaje; recibió sus instrucciones y marchó el jueves de la semana pasada a Cádiz.»
La insistencia en pintarle a Aviraneta conjurado con Gil de la Cuadra, con quien estaba reñido hacía tiempo, y de llevarle a Cádiz, me chocaba.
El Eco del Comercio comentó estas noticias hablando desdeñosamente de Aviraneta. Mientras se le creía en Cádiz, don Eugenio estaba entre Pau y Perpiñán. Pensé que si todas las noticias de los periódicos tenían la misma exactitud, no estábamos muy bien enterados de lo que pasaba en el mundo, ni en España, ni en ninguna parte. A mediados de agosto, Aviraneta contestó en los periódicos de Madrid negando las andanzas que le atribuían y diciendo que no tenía nada que ver con el motín de Hernani.
UNA CARTA
Poco después, Aviraneta me escribió una carta larga; me hablaba de sus diferencias con el cónsul de Bayona, que habían hecho que el subprefecto diera una orden para expulsarle de la ciudad de Bayona. El 30 de junio Aviraneta había ido a Pau, y estando aquí ocurrió, el 4 de julio, un motín militar en Hernani, a pesar de lo cual los periódicos de Madrid se lo atribuyeron a él. De Pau, el 12 de julio, marchó a Tolosa; luego, a Carcasona, y llegó a Perpiñán el 24. No hizo más que llegar a esta ciudad cuando se vió rodeado por agentes de policía secreta que le impidieron hacer nada. Los tenía en el pasillo de la fonda, y cuando salía de ella le acompañaban por calles y paseos. Aburrido, y viendo que no había acción posible en aquellas condiciones, se decidió a volver a España, se embarcó en Port Vendres y marchó a Barcelona.
Recordando su prisión de la época de Mina, no quiso salir del barco; pero el gobernador le llamó a su presencia y tuvo que ir y dar una serie de explicaciones para que le dejaran seguir a Valencia. De Valencia se trasladó a Madrid, y allí estaba esperando, como siempre, el buen momento para entrar en acción.
«Tenía el proyecto de publicar un manifiesto para confundir a mis enemigos—me decía Aviraneta con cierta solemnidad, al final de su carta—; pero las circunstancias son tan graves, que en obsequio de la causa nacional voy a sacrificar la mía propia. El Pretendiente, con sus hordas, se acerca a la Corte; se necesita unión entre los patriotas para acudir a la común defensa, y creo sería una traición el dividir los ánimos en un momento de peligro con un alegato que necesariamente heriría la susceptibilidad de algunas notabilidades. Tampoco quiero llamar la atención ni arrojar luz sobre el objeto de mi viaje a Francia. Tú sigue ahí, aunque te aburras, porque puedes prestar grandes servicios.»