Ella me dijo que le parecía una imprudencia el seguir a la duquesa y al abate, que probablemente serían unos aventureros.
—Es muy extraño—añadió ella—que le hagan un ofrecimiento así, sin motivo alguno, y sin conocerle. Por lo menos, entérese usted de quiénes son.
El consejo era bueno y me determiné a seguirle. Fuí a ver al canciller del Consulado de España para que pidiera al cónsul de las Dos Sicilias datos de la duquesa y del abate.
Al día siguiente los dos habían desaparecido.
RUMORES
Poco tiempo después corrió el rumor extraño de que la duquesa de Catalfano era una mujer vampiro.
Se dijo que al ver a un muchacho de la fonda que se había hecho sangre en una mano le había entrado una gran agitación, brillándole los ojos como a un ave de rapiña; que tomó la actitud de abalanzarse hacia él, y que el abate le había detenido.
Luego se añadió que la duquesa necesitaba para vivir el sorber sangre, y que el abate le llevaba muchachos engañados.
No se pudo averiguar de dónde salió este rumor, ni de qué procedía; a pesar de no tener la menor verosimilitud, la idea me hacía temblar.