V.
VARIEDADES SOBRE EL DANDYSMO
Muchas veces venía Stratford a Bayona y pasaba el día conmigo, e íbamos a visitar a Delfina. Esta me preguntaba mucho por él.
—¿Qué hace el Bello Tenebroso?—me dijo una vez—. ¿Lo ha visto usted de nuevo?
—A Stratford no se le puede llamar tenebroso—le contesté yo—; no tiene nada de byroniano.
Delfina quería averiguar qué vida hacía el joven inglés, cuáles eran sus ideas y sus costumbres.
Stratford podía pasar por un dandy, pero su dandysmo, no tenía nada de donjuanesco.
No sentía Stratford el menor entusiasmo por el tipo de Don Juan ni por la extravagancia. Su idea consistía en que había que vivir de una manera limpia y razonable. Su filosofía acababa en un estoicismo con cierto aire de fatuidad.
Este dandysmo espiritual suyo no se parecía en nada al de Jorge Brummell.