UN AVENTURERO
Por entonces apareció en Bayona un aventurero, un lion, que se llamaba o se hacía llamar Narbonne Burton. Este aventurero se decía hijo natural del conde de Narbonne Lara, y de una señora francesa emigrada en Londres. A su vez, de Narbonne Lara, el presunto padre del lion, se decía que era hijo de Luis XV y de su hija Adelaida, es decir, que era hijo de su abuelo y hermano de su madre.
Este aventurero paró en mi hotel. Tenía el tipo borbónico, vestía bien y llevaba un alfiler con una flor de lis, de oro, en la corbata.
Hablé con él. Era un hombre solemne y vulgar; todo lo que decía estaba inspirado en las novelas de Balzac, en donde sin duda, creía encontrar las esencias de la vida.
El pretendía ser un lion como de Marsay, o Ronquerolles, o cualquier otro de los héroes balzaquianos.
El juego, la política, las duquesas diabólicas con aire angelical, los hombres monstruos, toda la fauna inventada por el novelista creía haberla encontrado en la vida.
Lo más divertido de este aventurero era que llamaba en serio primos suyos a Don Carlos y a María Cristina.
—Yo también soy un Borbón—me dijo varias veces.
Cuando le hablé del aventurero a Stratford, le pregunté:
—¿No quiere usted conocerle? Es un tipo que le interesará a usted.