Al entrar por la avenida principal nos salieron a ladrar dos perrazos grandes que, después de cumplir su misión, se retiraron tranquilamente.

Stratford saltó del coche, ayudó a bajar a las señoras, dándoles la mano, y fuimos los cuatro hasta la gran escalera del hotel, donde aparecieron madama Stratford y un señor viejo inglés, afeitado, elegante, con un perfil aguileño, sir David Hardeloch, y su sobrina, una señora joven, casada con un marino; Stratford nos condujo a cada uno al cuarto que nos destinaron.

El mío era un cuarto antiguo con muebles de estilo Luis XV, con dos ventanas que daban a un jardín con grandes árboles y una fuente redonda en medio.

Yo me vestí, me arreglé, me puse el frac azul que tenía para las grandes solemnidades, entonces el frac no era sólo prenda de noche, y bajé al comedor.

La comida fué un poco ceremoniosa, y yo estuve atento viendo lo que hacían los demás para no cometer una inconveniencia. Se habló en francés y en inglés. Después de comer pasamos a un saloncito, desde donde se veía el curso del Nive, que se alejaba serpenteando por el valle, ancho y verde.

SE HABLA DE ESPAÑA

El señor inglés, sir David, que era diplomático, me preguntó noticias de la guerra de España; y como yo me mostrara algo pesimista sobre la suerte de mi país y de sus destinos históricos, me dijo:

—No tenga usted cuidado. España está en un período de crisis, pero se arreglará.

—¿Cree usted?

—Sí. Por otra parte, pensar que España no ha influído en el mundo de las ideas, como se afirma ahora, es una cosa injusta. Los héroes españoles reinan todavía en la literatura del mundo, y el Cid, Don Juan y Don Quijote son universales. ¡Qué fuego en estas figuras religiosas, como Santo Domingo, Loyola y Santa Teresa! ¡Qué brío en el pensamiento de Mariana, Servet, Molina, Suárez, Molinos! ¡Qué hombres de hierro estos españoles de la conquista de América! Tipos como Hernán Cortés y Pizarro no se encuentran en ningún país. Los italianos del Renacimiento no llegan a la fuerza de estos hombres. En el Arte y la Literatura los españoles tienen una personalidad de las más relevantes. Os falta en España un progreso material y ciencia moderna porque lleváis un período largo de guerras y de miseria, y la ciencia y el progreso necesitan reposo; pero eso vendrá. Eso vendrá porque es fatal, automático. Lo que os falta es precisamente lo que se improvisa. Se improvisa un investigador; lo que no se improvisa es un poeta, ni un artista, ni un historiador. Esto necesita tradición.