Le di las más efusivas gracias a aquel señor, porque desde que estaba fuera de España no había oído mas que hablar mal de mi país.
—Estará usted contento—me dijo Delfina.
—Sí, señora. ¿Por qué negarlo?
LAS MUJERES Y LOS POETAS
Poco después nos enzarzamos en una discusión acerca de las condiciones artísticas de las mujeres.
Stratford defendía con cierto valor que las mujeres tenían muy escaso sentido artístico.
Las señoras le atacaban, creyendo, sin duda, un poco ofensivo el que Stratford las considerara sin dotes estéticas.
—El arte es la más masculina de las actividades—decía mi amigo—, no en el sentido de que sea más fuerte, ni más noble, ni más elevada, ni más superior, sino en un sentido orgánico sexual. Se ve que el hombre siente más el arte que la mujer.
—Quizá a las mujeres nos ha faltado libertad para desarrollarnos en ese sentido—dijo madama D'Aubignac.
—Lo que nos falta a las mujeres es vanidad—añadió lady Hardeloch—. No tenemos esa tonta soberbia del hombre.