—Quiere convencer a estas damas que no se le debe querer—añadí yo.
Después, la sobrina de sir David, lady Hardeloch, cantó trozos de El Barbero de Sevilla, acompañada al piano por Delfina.
VII.
CITA A LA LUZ DE LA LUNA
Por la tarde sir David y yo fuimos paseando a caballo por la orilla del Nive, y vimos el Campo de César, y fantaseamos acerca de este nombre y del objeto que podían tener los antiguos trabajos hechos allí en la tierra. También hablamos de Soult y de Wéllington, y de sus campañas en el Nive en 1813.
De vuelta del paseo estuve en la biblioteca leyendo, y a las siete bajé al comedor. Después de cenar, sir David se retiró; mistress Stratford, lady Hardeloch y madama Saint-Allais quisieron que tomara parte en un juego inglés, pero como no lo conocía, tuvo que ser el cuarto partner Jorge Stratford.
Yo estuve hablando con Delfina, que me pareció algo preocupada.
—¿Qué ha hecho usted esta tarde?—me preguntó.
Le conté cómo había paseado con sir David por las orillas del río, y lo que hablamos del Campo de César y de la campaña de 1813.